que significa ser vegetariano y el vegetarianismo ?

que significa ser vegetariano y el vegetarianismo ?

El vegetarianismo es sólo una dieta u opción saludable para unos, y para otros, una filosofía de vida que ampara los derechos de los demás seres con los que convivimos. Sea cual fuere su fin, cada día es adoptado por más personas alrededor del mundo. Es complicado hablar de vegetarianismo sin generar polémica contra la

El vegetarianismo es sólo una dieta u opción saludable para unos, y para otros, una filosofía de vida que ampara los derechos de los demás seres con los que convivimos. Sea cual fuere su fin, cada día es adoptado por más personas alrededor del mundo. Es complicado hablar de vegetarianismo sin generar polémica contra la masa mayoritaria de carnívoros, quienes condenados por el consumo mercantil, la costumbre social y el pensamiento especista, no son concientes acerca de la muerte entre sus dientes. Paradójicamente, somos los únicos seres con capacidad de razonar.
El término VEGETARIANO fue acuñado en 1842 en Inglaterra. Esta palabra no surgió de “vegetal”, a pesar de su común etimología: “vegetal” viene del latín vegetabilis, que significa “que tiene el poder de crecer” y vegetare, que significa “crecer”. Por su parte, “vegetariano” deriva del latín vegetus, que significa “completo, fresco, lleno de vida”, tal como se utilizaba en el antiguo término latino homo vegetus, aplicado a una persona vigorosa física y mentalmente.
Posee variantes –más- o –menos- extremistas como el ovolacteovegetarianismo (acepta el consumo de leche y huevos), frugivorismo (consume sólo frutas frescas y frutos secos) o veganismo (No consumen ningún producto animal, esto incluye cualquier cosa que haya sido elaborada a partir de la anatomía de éste, o se lo haya utilizado para la experimentación del producto).
Ya desde tiempos remotos, en la antigua Grecia, Sócrates y Platón (S. V a.C.) abogaron por la vida sencilla y una dieta “natural”. Pitágoras (S. VI a.C.) proponía un modo de vida diferente fundado en la pureza y purificación, ligadas a este tipo de alimentación. Mientras tanto, en la antigua India, la misma práctica estaba conectada con la idea de no-violencia, promovida por grupos religiosos y filósofos.
Plutarco (S. I-II d.C.) en su ensayo titulado Acerca de comer carne, se cuestiona desde un punto de vista ético:
«¿Puedes realmente preguntar por qué razón Pitágoras se abstenía de comer carne? Por mi parte más bien me asombro y me pregunto por qué gran accidente y en qué estado mental el primer hombre utilizó su boca para desgarrar y llevó sus labios a la carne de una criatura muerta, tendió su mesa con cuerpos muertos y pálidos y se aventuró a llamar alimento y nutrición a esos seres que en un momento se alegraron, lloraron, se movieron y vivieron… ¿Cómo pudieron sus ojos soportar la matanza cuando sus gargantas eran cortadas y sus miembros descuartizados? ¿Cómo pudo su nariz soportar esos olores? ¿Cómo es que esa contaminación no tornó su gusto y pudo beber jugos y cerúmenes de heridas mortales?… Ciertamente que no comemos leones o lobos por autodefensa, por el contrario matamos criaturas dóciles que ni siquiera tienen dientes para dañarnos. Por un poco de carne les privamos del sol, la luz y de la duración de la vida a la cual tienen derecho».
Luego, el desafío:
«Si dices que has sido hecho para comer carne, entonces mata con tu propio esfuerzo lo que quieras comer, hazlo sin ayuda de armas ni cuchillos».
Esto lleva a preguntarme: ¿Somos o no somos depredadores? En un intento por vernos a nosotros mismos como seres naturales, hay quien argumenta que los humanos somos simples depredadores como algunos animales. El vegetarianismo es entonces visto como “no natural”, mientras que a partir del comportamiento carnívoro de otros animales se elabora un paradigma. Así, los derechos animales son criticados “ya que no entienden que el hecho de que una especie se mantenga o sea mantenida por otra, es lo natural para el sustento de la vida”. La verdad es que el carnivorismo es propio para alrededor de un 20 por ciento de los animales no-humanos. ¿Podemos realmente generalizar desde esta experiencia y pretender conocer con precisión qué es “lo natural”?
Estudios antropológicos han comprobado que la anatomía del hombre no posee las características físicas aptas de ese 20 por ciento de animales no-humanos que son carnívoros: no tiene garras, ácido estomacal fuerte ni caninos con filo, pero si, molares posteriores planos y glándulas bien desarrolladas que producen saliva alcalina y ptialina, necesarias para pre-digerir granos y frutas. El argumento del depredador “natural” ignora también la construcción social. Ya que comemos cadáveres de un modo muy diferente a cualquier otro animal -desmembrado, no recién muerto, no crudo, y con otra comida presente- ¿qué lo hace natural?
Según Vincent Marques, un sociólogo y escritor español, los humanos no somos naturales; sino que adoptamos costumbres, modales y escalas de valores éticos y morales de la sociedad a la que pertenecemos. Desde nuestro nacimiento, instituciones y autoridades nos imponen esta cultura para que las interioricemos haciéndonos creer, al fin y al cabo, de que son parte de nuestra naturaleza humana. Esto mismo sucede con el consumo de animales.
Cabe destacar que a partir de 1950, la acción de las corporaciones de la industria láctea y de la ternera ha presionado para que la carne y los productos lácteos sean canonizados como dos de los cuatro grupos básicos de alimentos. Las generaciones que le sucedieron a este boom de estrategia comercial, crecieron con la idea de que esto es una verdad indiscutible amparada por la publicidad y los medios de comunicación. Por tal motivo se construyó el mito errado de que la única fuente proteica es la carne (y si no es la única, es “la más importante”). La realidad es que las proteínas están compuestas por aminoácidos esenciales que pueden ser encontrados abundantemente en granos, cereales, legumbres y nueces. Se comprobó que estos alimentos contienen más proteína y energía nutricional por onza, que la hamburguesa, el cerdo o el asado que se consume diariamente en exceso. Este exceso de proteína y grasa, a su vez, acusa pérdida de fuerza y acumulación de desperdicios nitrogenados que causan trastornos en los riñones u otros problemas como cáncer y ataques de corazón por colesterol alto.
Más allá del daño a nuestra salud… pensemos en el impacto ambiental que la extensiva e intensiva actividad ganadera genera: al ser los recursos naturales limitados, se ahorraría más si el ser humano se alimentara directamente de los vegetales, en lugar de utilizarlos como comida para los animales; genera gases de efecto invernadero, impulsores del cambio climático global; es una de las principales causas de la deforestación y la degradación del suelo y el agua.
Como vemos, hay muchas razones justificables que podemos recordar antes de comprar un producto animal que provenga de una cruel cadena de consumo, la cual destruye a la naturaleza y la vida para exprimir hasta el último centavo. Permitimos mataderos que son verdaderos holocaustos de crueldad; aplaudimos al egoísmo, la vivisección, la experimentación, el abuso, la explotación y demás atrocidades. Actitudes y acciones que están mal vistas socialmente, pero aparentemente la misma “moral y ética” no se aplica para seres que respiran, sienten y sufren como nosotros…

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